AGRESIÓN SEXUAL, Parte II.
Ricardo Belanguer
DESVIACIONES
SEXUALES
Tanto la agresividad como el
instinto sexual están presentes en todos los seres humanos, en las bases de su
personalidad y, utilizados de manera correcta, fortalecen comportamientos
adaptativos. La falta de control que ejerce el individuo sobre estos factores
puede ser motivo de comportamientos relacionados con actos de agresión sexual. Según
las fuentes consultadas, podemos denominar a este tipo de desviaciones bien
como Parafilias, bien como Perversiones.
- El término Parafilia hace referencia a
“una serie de comportamientos sexuales
caracterizados por la excitación del sujeto ante objetos y situaciones que no
forman parte de los patrones sexuales normativos, o porque el sujeto necesita
para obtener placer la presencia de determinados estímulos que se apartan de lo
que se consideran estímulos sexuales normales” (Belloch, Sandín, Ramos, 2008).
- Otros autores como McDougall (1986), señalaron que es habitual encontrar
fantasías perversas en todas las conductas sexuales adultas. Para ella, el
término Perversión “debe ser reservado
para instancias en las cuales una persona impone deseos personales a su pareja
que es reacia a comprometerse en el escenario sexual o seduce a un individuo no
responsable, como un niño o un adulto discapacitado” (Mc Dougall, 1995)
AGRESORES
SEXUALES.
Las investigaciones realizadas
con respecto a conocer cuáles son las bases que empujan a una persona a agredir
a otra sexualmente no son concluyentes. Encontrar aspectos distintivos, así
como confirmar si estos aspectos pueden ser integrantes del perfil de los
agresores, ayudaría a encontrar acciones preventivas o reeducadoras.
Se deben tener en cuenta las
bases biológicas. El impulso sexual y el interés por el sexo tienen una base
genética y están modelados por procesos de aprendizaje y por la socialización
específica de cada individuo (Marshall, 2001). En este sentido, la testosterona
adquiere protagonismo como impulsora de la actividad sexual. Sin embargo, en la
relación dada entre los niveles de testosterona y la agresividad sexual, los
resultados de los estudios son desiguales. Cabría señalar que a medida que los
hombres aumentan la edad, los niveles de testosterona bajan, perdiendo cada vez
más importancia la relación entre los niveles hormonales y el impulso sexual.
Según Marshall, sólo se dan niveles anómalos de esteroides en algunos
delincuentes sexuales diagnosticados como sádicos.
Los factores sexuales ocupan otro
lugar importante en el estudio del agresor. Los delincuentes sexuales piensan
mucho en el sexo, no necesariamente desviado o delictivo. Un número elevado de
ellos ha sido anteriormente víctima de abusos sexuales en el pasado. Para
Marshall, es posible que las agresiones sexuales sean tan sólo una respuesta al
estrés, que se lleva a la práctica porque reduce temporalmente el malestar del
agresor. Tanto violadores como pedófilos, no responden a estímulos visuales,
como puede ser la visualización de escenas de violación o de incesto. Sus
respuestas suelen ser generalmente normales.
La mayoría de agresores sexuales
tienen un nivel de autoestima muy bajo, lo cual les empuja a manifestar y
ejecutar actos violentos que les compensen este déficit, eligiendo como
objetivos aquéllos percibidos como más accesibles, frágiles y débiles, como son
las mujeres y los niños (Baumeister, Smart y Boden, 1996). Su nivel de empatía
es mínimo, suelen tener problemas de relación, realizan interpretaciones
egoístas de su entorno. Estas son las causas de que no sean conscientes del
daño emocional que están realizando.
Los agresores sexuales tienen una
percepción distorsionada de sus acciones. De manera subjetiva, interpretan las
reacciones de sus víctimas en su propio favor, llegando a creer que no
solamente aceptan las acciones que les inflige el agresor, sino que además
disfrutan con ellas, que realmente las desean.
Con respecto a los rasgos de
personalidad de los agresores, encontramos diferentes interpretaciones.
Básicamente son dos las razones que justifican esta diferencia: por una parte,
la manera de enfocar y entender el concepto de ”alteración de la personalidad”,
y por otra, la dificultad que entraña el que los delincuentes no hablen libre y
abiertamente de sus actos y pensamientos. El rasgo que con más frecuencia suele
aparecer entre los delincuentes es el de la psicopatía. Los expertos en este
tema concluyen que no se puede cambiar las preferencias sexuales, así como
tampoco se puede hacer con respecto a la orientación hacia un sexo determinado
o la inclinación por cierto tipo de prácticas sexuales.
TRATAMIENTOS POSIBLES.
En un intento por reducir la
reincidencia de los agresores, se han propuesto varias alternativas a su
tratamiento, entre la que se encuentra la castración química. Personalmente
prefiero referirme a esta técnica como inhibición de la testosterona, ya que
este es el efecto real que se consigue a través de dicho tratamiento. Va
dirigido a reducir la producción de testosterona endógena en el sujeto, siendo
del todo un proceso reversible.
La opinión mayoritaria entre los
expertos del tema es que el tratamiento médico puede frenar la actividad de los
agresores sexuales (especialmente los pedófilos), pero no cambia su atracción
por el objeto de deseo. Es decir, la mayoría de agresores sexuales lo serán
durante toda su vida.
Se pueden aplicar medidas de contención y prevención que
les ayudarían a mantenerse alejados de sus posibles víctimas, entre las cuales
encontramos como más eficaces:
- la psicoterapia y
- la administración de fármacos.
- Dos de los utilizados son el Acetato de Ciproterona y el Acetato de
Medroxiprogesterona. Estos medicamentos inhiben la producción de testosterona
en los testículos o bien actúan en las zonas cerebrales (hipófisis o
hipotálamo) responsables de estimular esa actividad.
- Tras una administración
continua y regular, se consigue disminuir en el sujeto tanto la libido
(entendida como deseo sexual) y la erección, como sus fantasías sexuales.
- Esta opción solamente
es efectiva como complemento de otras, como la ya citada psicoterapia, la
vigilancia constante del sujeto a través de pulseras GPS y muestras de ADN.
- Es necesario tener presente que las sujetos a los que nos estamos refiriendo son agresores sexuales que no se relacionan normalmente, que muestran en la mayoría de los casos rasgos de personalidad psicóticos, pudiendo desarrollar otros comportamientos peligrosos o lesivos para la víctima ante la imposibilidad de ver satisfecha la agresión a través del sexo. La eficacia de la supresión hormonal no está muy clara, ya que sólo reduce el deseo genital.
- Un estudio publicado en 2005 por la revista Archives of Sexual Behavior hablaba de que la terapia cognitivo-conductual reforzada por un inhibidor de la testosterona consiguió reducir significativamente las fantasías sexuales, pero la inclinación no se modificó tras un año de tratamiento. El Dr. Klaus M. Bier, en la Clínica Universitaria de la Charité de la Universidad Humboldt de Berlín puso en marcha un proyecto preventivo denominado “Cifras ocultas” donde se trataba a pedófilos. Se centraba en la comisión de las conductas, en hacer al sujeto responsable de sus acciones, no en sus inclinaciones. De 150 sujetos que recibieron el tratamiento, alrededor de 30 lo acabaron; el resto no aceptaron la ayuda terapéutica e interrumpieron el tratamiento.